Resumen del contenido de la 3ª semana de la sección de educación que hago en Catalunya Ràdio cada domingo de 9:30 a 10:00

FerCas

Son muchos los padres y madres que se cansan de repetir las cosas a sus hijos, cosas tan sencillas como que llega la hora de la cena o que hay que recoger los juguetes pueden convertirse en toda una odisea para los padres. Pero, ¿es posible no tener que repetir las cosas 50 veces para que los niños y niñas nos hagan caso? ¡Sí, si sabemos cómo hacerlo! Hoy, os doy algunos consejos para lograrlo:

En primer lugar, es necesario que a la hora de comunicarnos con nuestro hijo o hija tengamos muy presente como damos este mensaje. En el modo de decir juegan elementos más allá del contenido del mensaje, como la actitud corporal, la mirada y el tono de voz. Así, hay que seguir cuatro puntos que nos ayudarán a transmitir nuestro mensaje:

  1. Agacharse hasta a la altura del niño: es importante que nos agachemos hasta su altura en lugar de hablarle desde nuestro nivel.
  2. Fijar la mirada en sus ojos: una vez estemos a su nivel debemos fijar la mirada en los ojos de nuestro hijo. Es necesario que le hablemos sosteniendo el contacto visual, esto nos permitirá establecer una conexión más directa e intensa que hará más efectivo el mensaje. En caso de que no nos mire, podemos acercar un poco nuestra cara a la suya, tocándole ligeramente el brazo.
  3. Hablar con voz serena: la voz debe reflejar nuestra tranquilidad de ánimo. Hay que dar las órdenes sin ninguna sombra de inquietud.
  4. Hacer frases simples y cortas: las frases deben ser cortas y simples, no deben incluir explicaciones -que los niños y niñas ya conocen- y deben ser claras.

En segundo lugar, hay que aplicar consecuencias. Debemos dejar que los niños y niñas elijan y asuman las consecuencias de sus actos. Es decir, en vez de repetir las cosas 50 veces y desesperarnos porque no nos hacen caso, debemos indicar al niño o al joven cuál es la situación y lo que, según nosotros, deberían que hacer. Les daremos la posibilidad de elegir entre aquello y la actitud contraria, anunciando que esta actitud lleva asociada una consecuencia que vale la pena considerar. Así, por ejemplo, si hemos dicho a nuestro hijo que es hora de cenar y no viene a la mesa habría que decir:

– Oye, ¿qué te parece si vienes a cenar antes de 10 minutos? Piensa que si no cenamos a la hora después no tendremos tiempo de contar un cuento antes de ir a dormir.

Se trata de educar para la responsabilidad, dejarlos escoger y que asuman las consecuencias. Asimismo, las consecuencias deben ser derivadas lógicas. Es decir, si nuestro hijo o hija llega tarde a cenar, es lógico que se quede sin cuento, porque ya no tenemos tiempo de leérselo, o que se encuentre la cena fría en la mesa o que tenga que cenar solo. No es lógico, por ejemplo, castigarle sin ir al fútbol al día siguiente. Las consecuencias deben ser derivadas lógicas y el máximo cercanas en el tiempo.

Siguiendo con el ejemplo, cuando llegue la hora del cuento y nuestro hijo o hija nos lo pida debemos ser claros y estar tranquilos:

– ¿Cuento? No, hoy no hay tiempo. Había que elegir entre cenar temprano o bien más tarde, ¿recuerdas? Si venías tarde, hemos dicho, no tendríamos tiempo para contar el cuento. Ya es hora de ir a dormir.

Para que este método funcione, es necesario que demos sólo las órdenes imprescindibles, -evitando órdenes innecesarias-, y las que demos hacerlas cumplir o hacer cumplir las consecuencias anunciadas.

Para saber más, consultad El gran reto de hacer el cumplir lo que decimos del libro Educar sin gritar. Encontraréis otras técnicas y una reflexión sobre los premios y los castigos que le puede ayudar a educar mejor.

Podéis escuchar el áudio del programa: