Los conflictos familiares son muy habituales, ninguna familia puede evitarlos completamente. Además, son saludables y necesarios: sin conflictos en casa, ¿cómo se podría aprender a gestionar los conflictos con otras personas?

blog mediació 3Si en casa siempre todo fuera como una seda, ¿cómo se iban a abastecer los hijos de herramientas como la capacidad de aprender a vivir en situaciones interpersonales desagradables, con las tensiones naturales de las relaciones humanas y con las diferencias de pareceres e incompatibilidades que a lo largo de la vida aparecerán en sus interacciones con otras personas?

El conflicto debe existir y hay que enseñar a gestionarlo emocionalmente y, cuando sea posible, a resolverlo de forma serena. Para hacerlo, hay que disponer de tiempo y de paciencia y, también, de algunas técnicas de comunicación que son de gran ayuda.

No obstante, y aun disponiendo de dichos elementos, a veces el conflicto en casa nos perjudica en exceso. Es el caso, por ejemplo, de algunos conflictos continuos con los hijos adolescentes, o de algunos malestares de pareja que se cronifican.

En estos y en otros casos la mediación profesional ayuda a las parejas y a sus hijos a vivir mejor. Y además les da herramientas, que se aprenden a lo largo del proceso de trabajo con el mediador o mediadora, para gestionar otros conflictos a lo largo de la vida. Por eso es muy aconsejable recorrer a una mediación familiar cuando sentimos que los conflictos nos superan y que no disponemos de suficientes recursos para construir relaciones que nos permitan ser felices con las personas que amamos.

Los mediadores trabajamos desde la imparcialidad: no representamos los intereses de ninguna de las partes, sino que generamos un espacio de diálogo donde todas se reconozcan con sus necesidades. Trabajamos con confidencialidad, contando con la confianza de las partes, que saben que no revelaremos a los demás aquello que nos haya sido confiado en sesión privada. Mantenemos entrevistas individuales y celebramos sesiones conjuntas y ayudamos a los participantes a encontrar soluciones adecuadas a los intereses de todos. Pero, más allá incluso, también reconstruimos relaciones que a menudo se han visto gravemente afectadas por culpa de los conflictos, y conseguimos que las partes puedan resolver por sus propios medios posibles problemas futuros entre ellas.

Participar en una mediación es una solución óptima cuando es importante la relación o los efectos de la relación. Por ejemplo, cuando una pareja quiere convivir con más armonía, o cuando quiere separarse de la forma menos perjudicial tanto para sus miembros como para los hijos; o cuando la relación con los adolescentes es demasiado compleja; o cuando hay que pactar cualquier aspecto de la educación de los hijos.

No lo dudéis: recorred a la mediación para mejorar las relaciones maltrechas y llegar a acuerdos que os permitan vivir mejor. Todos ganan.