AFA AMPA

La escuela somos todos.

La familias son la razón de ser de la escuela. La función de la escuela es apoyarles en la tarea de hacer, de sus hijos, ciudadanos. La escuela va mucho más allá de las paredes del edificio: es una comunidad de personas entre las cuales hay unas que enseñan, otras que aprenden, otras que velan para que todo funcione y otras que acompañan desde casa.

La escuela la forman los que están cada día allí: alumnos, maestros y personal, y los que llevan a sus hijos: las familias del alumnado. Es para las familias, que la escuela existe. Por eso son importantísimos los órganos de participación colectiva de los padres y madres: más allá de ser responsables de cada alumno en concreto, las familias representan la sociedad para la cual trabaja la escuela y son la comunidad del centro.

La escuela somos todos.

Muchas escuelas cuentan con una asociación de familias, la AFA o AMPA. Tengo la suerte de tratar con las personas que forman parte de sus juntas porque suelen invitarme a hablar de educación en charlas y talleres. Y por este motivo dedico este artículo a hacerles un elogio: un elogio que hace tiempo que crece en mi interior a medida que conozco a estas personas más y mejor.

Formar parte de la junta de una AFA implica hacer de interlocutores del colectivo de familias con el profesorado y la dirección para tratar temas que afectan al colectivo de familias. Implica reflexionar sobre educación, sobre el funcionamiento cotidiano de la escuela, trabajar en equipo para organizar actividades extraescolares, celebraciones, talleres y conferencias, dotaciones de libros, equipamientos deportivos. Significa, por tanto, estar más cerca de la vida del centro gracias a la implicación activa. La AFA teje la comunidad de padres y madres ofreciéndoles su apoyo y vinculándolos al día a día de la escuela a través de toda clase de propuestas. La AFA, pues, vertebra la tribu de educadores, los profesionales -los docentes- y los no profesionales -los familiares-.

Personas especiales.

Destinar tiempo personal a trabajar para la comunidad escolar, adoptar decisiones a veces difíciles, gestionar dinero, llegar a acuerdos con personas diversas… no son tareas que todos estén dispuestos a hacer. Creedme, lo sé porque les conozco: los padres y madres que forman parte de las juntas de las AFAS/AMPAS son personas inquietas e ilusionadas que creen en la capacidad de transformación de la sociedad, esperanzadas: sin confianza ni esperanza no tiene sentido trabajar por aquello que es común. Son también personas voluntariosas, generosas: comprometen su tiempo y preocupaciones. Y son personas sociables, despiertas y abiertas: forman equipos que trabajan por el mismo objetivo más allá de sus diferencias individuales y de sus puntos de vista diversos. Y, sobre todo, son personas comprometidas con la educación. La sola existencia de la AFA ya es educativa: muestra a los niños y jóvenes del centro el significado del compromiso y de la participación, la posibilidad de contribuir al funcionamiento y mejora de lo que es de todos, el sentido del trabajo voluntario y del esfuerzo en equipo. Los alumnos que tienen padres implicados pueden aprender de primera mano el valor de formar parte de una asociación que hace la sociedad mejor.

Gracias, juntas de las AFAS y AMPAS, por estar tan presentes y por pensar en todos.