“Nosotros no podíamos más.” “Nos habríamos separado si no hubiésemos encontrado la manera de gestionar la familia de otro modo.” “Poner orden en la relación con los hijos nos ha permitido continuar juntos.” “Si no lo hubiésemos arreglado, no hubiésemos podido continuar conviviendo.”

Me lo  han contado varias parejas de padres que han buscado asesoramiento educativo. A menudo pensamos que las orientaciones van a servir para ayudar a los hijos y a la familia como grupo, pero mi experiencia me confirma cada semana que la ayuda familiar de mi consulta sirve también para ayudar a las parejas de padres a continuar siendo felices juntos, los dos.

Cuando los criterios sobre cómo hacer las cosas son distintos y hay discusiones frecuentes, o cuando uno de los dos quiere gestionar una situación de una manera y el otro es partidario de hacerlo de otra, la tensión en la pareja va creciondo. Hay que encontrar formas de llegar a acuerdos, hay que fijar algunos criterios compartidos, hay que aprender a respetar la manera de hacer del otro miembro de la pareja y también a lograr respeto por la forma de actuar de uno mismo. Hay que construir una forma de proceder que tenga en cuenta la sensibilidad de los dos. Y eso no es siempre fácil, más bien al contrario: suele ser muy difícil. Por ello a menudo es necesario que un tercero que comprenda el punto de vista y las necesidades de todos los implicados ayude a analizar la mejor manera de actuar.

Muchas familias que han experimentado la ayuda de la asesoría educativa han disfrutado de la recuperación de su bienestar como pareja. Cuando constato los casos de padres y madres que vuelven a pasarlo bien juntos, que recuperan la ilusión de estar uno al lado del otro educando a sus hijos, que sienten la emoción de ser un equipo educando en común… Encuentro una satisfacción más en ayudarles a educar con serenidad.